¿Qué son los meniscos y qué tipo de lesiones sufren?

Anatomía de la rodilla

La rodilla es la articulación situada en la mitad de la pierna. Es una articulación importante en el cuerpo humano ya que nos permite la movilidad de las piernas (para andar, correr, nadar…) y a la vez también soporta el peso de todo el cuerpo

En la rodilla se unen dos huesos, tibia y fémur, la primera a su vez se une con el peroné justo por debajo de la rodilla. Al ser una articulación de carga, la rodilla dispone de unos amortiguadores, los meniscos, para distribuir el peso y eliminar el roce articular y prevenir lesiones. Además como es una articulación que necesita mucha estabilidad tiene gran cantidad de ligamentos tanto internos como externos. 

Meniscos

En cada rodilla hay dos meniscos, el interno y el externo. Vistos desde arriba tienen forma de semiluna, uno más cerrado que el otro y desde el lateral tienen forma de cuña, siendo más alta la parte delantera. También son más gruesos en el borde externo que en el interno.

En el menisco se distinguen tres partes desde dentro hacia fuera: 

  • Zona blanca-blanca: zona más interna, donde el menisco es avascular y aneural, es decir no recibe ni sangre ni los nervios llegan hasta aquí. Si la lesión se produce en esta zona no va a regenerar bien.
  • Zona roja-blanca: zona intermedia donde encontramos características de las dos zonas.
  • Zona roja-roja: zona más externa y en esta parte si está inervada y vascularizada. Por lo tanto las lesiones en esta zona tendrán una mejor regeneración.

A pesar de tener una zona inervada, la función de los nervios que llegan aquí es propioceptiva. Esto quiere decir que transmitirán información al cerebro acerca de la posición y la estabilidad de la articulación.

Además de la clasificación en función de la vascularización también se reconocen 3 partes de anterior a posterior. La zona anterior, más ancha ya que es la zona que más se mueve y que soporta más carga en movimiento, la zona intermedia que sirve de unión de las otras dos, y el cuerno del menisco, que es la zona posterior.

Función del menisco

La principal función del menisco es la amortiguación de las fuerzas. Tanto el peso que baja del cuerpo como de las fuerzas que suben desde el suelo por la reacción. Estas fuerzas son mayores cuanto más impacto se produzca. 

También ayudan a estabilizar la articulación, permitiendo que ambos huesos articulen mejor, ya que sino la articulación no sería congruente. Por lo tanto al colocar los meniscos sobre la tibia el fémur puede descansar sobre ellos que están mejor adaptados a la forma de este último en su parte superior.

Lesiones del menisco

Mecanismo de lesión

El mecanismo de lesión más común en el menisco es el traumático. Siendo el más prevalente la torsión de la rodilla con peso, es decir los giros con el pie apoyado. Esto hace que al estar el pie fijo y sin moverse, el fémur rote sobre la tibia generando una fuerza de torsión muy grande que el menisco no es capaz de soportar y por lo tanto tiene que liberar tensión al romperse.

Además también puede romperse por traumatismos directos en la rodilla (saltos de mucha altura, accidentes de tráfico…) o levantar mucho peso y que el menisco no pueda soportarlo. También pueden darse roturas sin antecedente traumático, en adultos más mayores, debido a cambios degenerativos de la edad, aunque es poco común.

Tipo

La lesión del menisco puede ser longitudinal, transversa, en asa de cubo o la rotura del cuerno. En función de qué tipo de rotura sea tendrá un pronóstico u otro. Por lo general las roturas en asa de cubo o transversales suelen tener peor pronóstico, ya que el trozo roto queda más suelto y puede interrumpir más la funcionalidad de la articulación. Es importante que el profesional tenga claro qué tipo de rotura es, para que pueda aportar la mejor solución, que en ocasiones pasará por entrar a quirófano.

Diagnóstico

A pesar de que existen diversos test que se pueden realizar para ver si el menisco está afectado. Estas maniobras suelen ser bastante inespecíficas y no siempre son fiables al 100%. Una forma que si tiene bastante fiabilidad para dar el diagnóstico es la resonancia magnética, ya que permite ver los tejidos blandos. Aunque en ocasiones, pocas, puede no verse bien y no poder hacerse un diagnóstico claro, en cuyo caso si los síntomas persisten habría que hacer una artroscopia para salir de dudas.

Como ayuda hay ciertos síntomas que nos pueden hacer sospechar de que algo ha pasado en la rodilla:

  • Sensación muy intensa de presión, como si la rodilla fuera a estallar.
  • Dolor local y agudo al girar la rodilla con peso.
  • Hinchazón o rigidez.
  • De vez en cuando puede sentirse que la rodilla está bloqueada al intentar moverla. Esto se suele resolver con un crack y la rodilla vuelve a tener libertad de movimiento. Puede ser doloroso.
  • No se es capaz de estirar la rodilla del todo, tanto por dolor como por limitación en el movimiento por un bloqueo.

Cuando aparecen estos síntomas es conveniente acudir a un profesional para que pueda realizar las pruebas y test pertinentes. Y nos pueda dar un diagnóstico preciso de lo que sucede.

Tratamiento de las lesiones de menisco

En el momento de la lesión y con el proceso en agudo lo que hay que hacer es llevar a cabo un protocolo de control de dolor y limitación de la hinchazón. Como el protocolo POLICE . Del que hablamos en este otro post. Haciendo especial hincapié en la OL (carga óptima), para un manejo correcto de las cargas, evitando en la medida de lo posible el reposo absoluto. Este protocolo nos vale hasta que podamos acudir a un profesional que nos dé un diagnóstico claro y el siguiente paso a seguir. Si hay sospecha de lesión en el menisco conviene acudir a un traumatólogo donde nos prescribirán una prueba de imagen, ya que es la forma de confirmarlo.

Una vez que la fase aguda se ha controlado, pasamos a los tratamientos. Principalmente existen dos tipos de tratamiento para las lesiones de menisco. Puede ser quirúrgico o conservador. La elección de cada uno dependerá de cómo sea la lesión, donde esté, los factores del paciente (edad, trabajo, deporte…) y el pronóstico. Cualquiera de los tratamientos deben ser consensuados con un traumatólogo, ya que es el profesional que está formado para hacer frente a este tipo de lesiones.

La ciencia nos dice que a los 6 meses no hay diferencia entre el tratamiento quirúrgico y la fisioterapia. Pero si es verdad que parece que hay veces que la fisioterapia sola no resuelve el problema, ya que es posible que hasta el 30% por ciento de los pacientes que solo hacen fisioterapia en algún momento tienen que pasar por quirófano. Y por otro lado parece que la fisioterapia ayuda a mejorar más la fuerza, en los primeros momentos, respecto a la cirugía, por lo tanto es una opción que debe considerarse.

Cirugía

Este tratamiento puede ser muy beneficioso para el paciente en algunos casos. En el caso de que esté en la zona roja-roja, ya que al estar vascularizada va a poder cicatrizar. En el caso de que sea un deportista de élite también suele ser el tratamiento escogido, aunque a veces se opta por un tratamiento más conservador. En esta situación varía mucho la elección en función de los tiempos de recuperación y la temporada del deportista.

Hace unos años se hacía una menisectomía, parcial o completa en función de la rotura, pero actualmente esto solo se hace en casos muy particulares por las complicaciones que genera a largo plazo. Actualmente se intenta hacer una sutura para que el propio menisco cicatrice o en caso de no ser posible una menisectomía parcial, quitando lo mínimo posible.

Fisioterapia

Desde la fisioterapia se pueden llevar a cabo diversas actuaciones. Estas pueden ir enfocadas a mejorar la movilidad, a mejorar la fuerza para conseguir una mayor estabilidad y al control del dolor. En esta rehabilitación es muy importante que el paciente sea activo y participe en el tratamiento, ya que gran parte del resultado dependerá de ello.

La fisioterapia puede ser usada como tratamiento en sí misma o como tratamiento previo a la cirugía para entrar a quirófano lo más preparado posible y que así la rehabilitación posterior sea más fácil. Además después de una cirugía siempre va a ser recomendable acudir al fisio para llevar a cabo la rehabilitación. Cuanto antes se acuda al fisioterapeuta más beneficios se obtendrá, pero siempre con la autorización del traumatólogo.

En ambos casos los primeros pasos son los mismos. Controlar el dolor y conseguir todo el rango de movimiento. Para ello se usarán principalmente movilizaciones, tanto activas como pasivas, de la extremidad afectada. En el caso de ser necesario se pedirá al paciente que realice una descarga parcial del peso. Por lo general en las cirugías se recomienda un apoyo parcial en las primeras semanas, para no someter a demasiado estrés al menisco, que está en proceso de reparación. Esto no quiere decir que ande con muletas sin apoyar el pie, sino que se valga de una o de las dos para andar correctamente cuando el dolor no le permita ir sin ellas o el cirujano lo recomiende. Para conseguir todo el rango de movimiento se pautarán ejercicios para hacer en casa, principalmente en el caso de la cirugía que es cuando más riesgo hay de que se generen adherencias.

También es fundamental ganar fuerza, tanto para evitar el atrofiamiento como para ganar estabilidad y confianza en la rodilla. En el momento que se produce una lesión de este tipo el cerebro sufre un cambio a nivel propioceptivo y hay que volver a restaurarlo. Por lo tanto es fundamental no cogerle miedo y ganar masa muscular en la zona afectada. Ya que los músculos son los encargados de la estabilización activa de las articulaciones. Por lo tanto se debe establecer un protocolo de ejercicios de fuerza comenzando por los menos exigentes hasta llegar a ejercicios más complejos que sometan a mayor estrés (como pueden ser la sentadillas con peso).

Es fases más avanzadas, tanto si se ha realizado cirugía como se si no, hay que empezar con actividades más exigentes. Como la carrera o los saltos, pero esto debe hacerse cuando biológicamente esté indicado, es decir, cuando el profesional que lleve la evolución lo haya autorizado, y cuando el paciente se vea capacitado para ello.

Si se siguen las indicaciones recibidas y se toma en serio el tratamiento, las complicaciones se reducen al mínimo y la rodilla vuelve a ser igual de funcional que antes.

Por lo tanto ante la sospecha de una lesión se este tipo es necesario acudir a un profesional que esté capacitado para valorarla. Y una vez que se tiene el diagnóstico y se ha decidido el camino a seguir hay que avanzar y llevar a cabo el proceso de rehabilitación.

En varios artículos anteriores mencionamos las lesiones de menisco y del programa fisioterapéutico que hay que seguir después de una rotura de menisco.

Entre los practicantes de diferentes deportes suelen producirse con cierta frecuencia los enguinces de tobillo y rodilla, o las contracturas, y también, de manera ocasional, se pueden producir lesiones más graves como la rotura de menisco. En Fisiohogar ofrecemos un servicio de fisioterapia para deportistas que aporta soluciones desde el primer momento.

Bibliografía

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“ANATOMÍA DE LOS MENISCOS.” http://elfisiouniversitario.blogspot.com/2015/07/anatomia-de-los-meniscos.html.