Una historia de fisioterapia

En primer lugar me siento en la obligación de presentarme, mi nombre es Arturo y sí, soy el bebé de la foto. Un bebé que nació a las 30 semanas de gestación implicando, por tanto, ser un bebé prematuro. Un bebé que creció y que le parece interesante contar su historia, ¿os apetece escucharla?Bebe feliz

Desde que tengo uso de razón recuerdo a mi gran amiga Esther, siempre a mi lado, siempre calmándome… no sabía muy bien si era familia o no, solo esperaba que llegaran los días que venía a mi casa para jugar a su juego preferido : “Nuestro cuerpo, nuestro mejor amigo”. No sé como lo hacía, un juego que a pesar de tener el mismo nombre siempre, no era igual cuando jugábamos.

Todavía recuerdo aquel día…Esther vino como siempre, con la misma ropa de siempre; asunto que hacía que me llevara alguna bronca de mis padres…no entendía porque no me dejaban ponerme la misma ropa de manera seguida:

– “…¡pero si no soy el único! Mirar Esther y no la decís nada…”

Anécdotas aparte continúo con mi historia. Con la misma ropa de siempre Esther una vez acabado el juego se despidió de mí, de repente un sentimiento que más tarde supe que se trataba de tristeza se apoderó de mí. No sabía qué había hecho mal, por qué se enfadaba y no quería volver a jugar conmigo, ¿se habría echado otro amigo?

Mis padres al verme tan pensativo, tan apenado no tuvieron otra opción que sentarse a mi lado y contarme algunas cosas, imaginaros que muchas de ellas para mí sonaban al idioma más extraño jamás pensado…

Ahí me enteré que nací antes de tiempo, antes de lo que todo el mundo esperaba y que por ello era importante  prevenir, estabilizar, mejorar y normalizar mi desarrollo infantil, que estaba en continuo desarrollo y con la cualidad de poseer una gran plasticidad neuronal propia de los primeros años de vida. Resulta que Esther pretendía y consiguió que tuviera el mayor grado de autonomía y funcionalidad posible, es decir, no sólo se trataba o centraba en la mejora de las habilidades motoras (tanto de motricidad gruesa como fina) sino también en la mejora del equilibrio, reacciones de enderezamiento, fuerza, coordinación y resistencia; teniendo siempre en cuenta la integración a nivel sensorial y cognitivo. Por todo ello ¡normal que nunca fuera el mismo juego aunque si permaneciera el mismo nombre!

Cuando después se sentaba con mis padres era porque ellos eran lo más importante de mi tratamiento y, por ello, necesitaban el asesoramiento y apoyo más adecuando, siendo partícipes en la medida de lo posible en mi tratamiento.

De todo ello fijaros que se me quedó la palabra que para mí resonó con más fuerza: Fisioterapia.Small and big

Palabra que a partir de ahí nunca se me olvidó. Al paso del tiempo entendí que no es una simple palabra que a un niño pequeño le puede sonar extraña, entendí que es una palabra que va mucho más allá del propio significado de la misma.

Los años pasados y como cualquier niño me convertí en un deportista que yo creía profesional. – ” ¿Qué quiero ser de mayor…? Está claro, jugador de balonmano.”

Ya sabéis cómo funciona la mente de un niño, aunque la realidad señale una cosa la suya señala otra y yo pensaba que mi vida era esa, todo giraba en torno a una portería, y por muy raro que parezca no se trataba de fútbol, si no de la portería que defendía yo ante niños que lanzaban la pelota con la mano. Pero claro los niños nos equivocamos…bueno a día de hoy debo hablar con propiedad…los niños se equivocan y claro en esa época cuando se trataba de estirar nos intentábamos escapar, era la parte “rollo” de todo aquello que era maravilloso. Pero como suele ocurrir el tiempo me explicó que me equivocaba claramente.

Un día de mucho frío jugábamos en un campo que era al aire libre, a la hora de calentar todo  fue muy rápido y esquivo de las miradas de mi entrenadora para que no me regañara por no hacer del todo lo que mandaba. Misión cumplida, ni cuenta se dio y el pitido del inicio del partido sonó. Todo estaba siendo como siempre, por suerte íbamos ganando y todo marchaba según lo previsto. Cuando quedaban dos minutos para acabar la primera parte, el portero contrario realizó un pase para llevar a cabo un contraataque con su compañero; anticipándome a la jugada comencé mi carrera sintiendo como si me alguien me hubiera tirado una piedra al gemelo lo que provocó que me cayera al suelo gritando de dolor.

Corriendo mi entrenadora entró a por mí y mis padres me llevaron al hospital. Allí me hicieron ver que la parte “rollo” de mi deporte favorito es de vital importancia, dado que yo no se la dí no es que me hubieran tirado una piedra como pensé sino que lo que me había ocurrido fue que tuve una rotura fibrilar en este caso también llamado “síndrome de la pedrada”. No sé cómo lo hacía pero cada vez que hablaban conmigo de manera seria debido a alguna circunstancia importante parecía que volvía a aprender lenguajes nuevos.

Como consecuencia de mi imprudencia tuve que empezar una rehabilitación que si mal no recuerdo duró un mes más o menos. Yo no sabía lo que me iba a encontrar, nunca había hecho nada similar, y casi me da un susto al abrir aquella puerta…una cara conocida me sonrió…¡era Esther!

– “Como pasa el tiempo me dijo…pero sigues teniendo el mismo brillo de cuando eras pequeño, ¿Quieres jugar a un juego conmigo? Jajaja.”

Agradecía enormemente encontrarme con ella, ya podía hablar de una manera diferente y era totalmente consciente que no me abandonó por echarse otro amiguito…Miles de preguntas me venían a la cabeza pero muy pocas me atrevía a realizar: “puede pensar que soy un pesado o que no sé nada…”

Que cierto es eso que las experiencias hacen que aprendas…creo que nunca más volví considerar nada “rollo” en ningún aspecto de mi vida. Si me están contando algo es porque seguramente haya algo de razón en ello; mejor dicho, seguramente no, las experiencias me dicen que es así siempre.fisioterapeuta con balón

Y un día llegó ese momento crucial en el que consideramos que nos hacemos mayores de verdad, tenía qué decidir qué quería ser de mayor y en qué facultad estudiaría para ello. Claro, no he contado la etapa en la que, efectivamente, me di cuenta de que el balonmano sería siempre mi pasión pero no mi dedicación ¿o también me equivoqué al pensar eso? Justo en el momento de decidir mi futuro de verdad me di cuenta que aquel sueño podía hacerse realidad y no podía ser de otra manera que haciendo uso de aquella palabra que tan fuerte sonó dentro de mi cabeza: fisioterapia. Eso es, me di cuenta que algo que había sido tan importante y vital en mi vida podría seguir siéndolo haciéndome, incluso, cumplir mi sueño.

Muchos os estaréis preguntado que tendrá que ver la fisioterapia con el balonmano, porque no se os habrá olvidado que ese era mi sueño ¿verdad? Pues todos aquellos que os lo estáis preguntando no habéis hecho mucho caso a mi historia… entendí que es una palabra que va mucho más allá del propio significado de la misma y que la fisioterapia tiene infinidad de ramas que podrán ayudarnos durante cualquier etapa de nuestra vida globalizándose en nuestro cuerpo en general e individualizándose en todas las patologías que nos podamos imaginar.

Lo tuve claro, sería fisioterapeuta y lo conseguí.

No ha sido muy larga mi historia ¿no?, definitivamente no, porque no os imagináis lo que me queda por contar de mi nueva etapa. Creo que os voy a hacer un resumen para que no penséis que me “enrollo” mucho…

Un fisioterapeuta nunca cuenta “rollos”, no solo la parte divertida del trabajo es la importante, no os olvidéis de hacer caso en todo lo que os digamos porque si lo decimos es por algo…