¿Puede la fisioterapia ayudarme si tengo un ataque de Gota?

La gota es una patología de tipo reumática, que aunque puede parecer de otra época, afecta,aún hoy en día, a una parte de la población (se estima que entre un 1 y un 2%), siendo más frecuente en los hombres.

 

¿Porqué se produce?

La gota se produce por una acumulación de cristales de urato monosódico en las articulaciones y los tejidos periarticulares. Estos se generan normalmente por un exceso de ácido úrico, bien por una mayor producción del que genera el organismo o por un defecto de eliminación (en alteraciones renales por ejemplo).

Sin embargo, no todos los pacientes con hiperuricemia (niveles altos de ácido úrico en sangre) tienen gota, ni todas las personas con gota tienen hiperuricemia.

 

¿Qué consecuencias tiene?

El depósito de cristales en las articulaciones produce artritis, la inflamación de la articulación y las estructura periarticulares. La afectación articulación metatarsofalángica del primer dedo del pie (el dedo gordo) es la más representativa de esta patología. También pueden verse afectadas diferentes articulaciones del pie, el codo o la muñeca, entre otras.

 

Fotografia de Guian Bolisay

Los síntomas principales son la inflamación articular, acompañada normalmente de un enrojecimiento de la piel, el dolor y la limitación de la movilidad.

 

TRATAMIENTO ¿En qué puede ayudar la FISIOTERAPIA?

En primer lugar, es imprescindible conocer el posible origen de la enfermedad. Para ello se debe visitar a un médico especialista en reumatología que determine la causa del “ataque” de gota. Esto es fundamental para pautar un tratamiento farmacológico y llevar a cabo una serie de recomendaciones nutricionales o de hábitos de vida, que harán que la situación no se cronifique.

La fisioterapia tiene como objetivo principal disminuir los síntomas, el dolor y la limitación articular principalmente. Para ello se puede emplear la terapia manual, incluyendo la cinesiterapia, la electroterapia y el ejercicio terapéutico.

 

RECOMENDACIONES

  • Evitar el sobrepeso.
  • Disminuir el consumo de alcohol, carne roja, pescado azul o marisco, que son ricos en purinas.
  • Realizar ejercicio físico, que disminuye otros factores de riesgo y mejora la circulación.