A los setenta años, la vida suele apoyarse en rutinas tranquilas y bien conocidas. Para Javier, una de las más importantes era cuidar el jardín de su casa en Majadahonda. Regar, podar, tocar la tierra… le daba calma y sensación de utilidad.

Hasta que un día, en una tarea cualquiera, ocurrió lo inesperado: un resbalón, una caída brusca y un dolor intenso en la cadera que no le dejó levantarse.

El diagnóstico fue claro, fractura de acetábulo (la parte de la pelvis donde encaja la cabeza del fémur). Tras la atención hospitalaria y la cirugía, llegó una etapa que muchas familias conocen demasiado bien: incertidumbre, dependencia y miedo.

En casa, lo cotidiano cambió de golpe. Acciones que antes eran automáticas, incorporarse, sentarse, ir al baño, dar unos pasos, pasaron a requerir esfuerzo, ayuda y mucha concentración.

Cuando el cuerpo mejora… pero la cabeza aún no confía

Las primeras semanas fueron duras. Dolor controlado, cansancio, y un plan de rehabilitación muy progresivo: activaciones suaves, ejercicios isométricos (contraer sin mover), trabajo en la cama, pequeñas “victorias” que desde fuera pueden parecer poca cosa, pero que para quien está recuperándose lo significan todo.

Y ahí pasó algo importante, Javier avanzaba físicamente, pero el miedo se quedaba.

A los tres meses, caminaba con más seguridad y menos dolor. El cuerpo respondía bien. Sin embargo, apareció el gran obstáculo, el temor a dejar las muletas.

Este punto es más común de lo que parece. A veces, desde la familia se ve como “ya está bien, podría soltarlas”. Pero para el paciente no es tan simple: abandonar una ayuda no es solo un gesto físico; es exponerse otra vez a la posibilidad de caer.

La confianza también se entrena (y no se entrena con prisa)

Como fisioterapeuta, hay un momento en el que el trabajo deja de ser solo “hacer ejercicios” y pasa a ser, sobre todo, acompañar un cambio de creencias:

  • “Sin muletas me caeré”
  • “Si apoyo más, me voy a hacer daño”
  • “Mi cuerpo ya no es fiable”

En estos casos, además de fortalecer y recuperar movilidad, trabajamos algo menos visible: la seguridad. La confianza no llega por un discurso motivacional, sino por experiencias repetidas de éxito: pasos cortos, controlados, en un entorno seguro, con una progresión bien pensada.

Yo vengo de una isla (Malta) y siempre me ha gustado una idea muy sencilla, en el mar no ganas confianza “de golpe”; la ganas con práctica, con respeto y con buenas condiciones. Con el cuerpo ocurre lo mismo, que no se trata de lanzarse, sino de avanzar con criterio.

El papel de la familia. Acompañar sin empujar

Josefina, la mujer de Javier, estuvo en cada etapa. Su alegría al ver mejoras era auténtica, pero lo más valioso fue otra cosa: su presencia constante. Para muchas personas mayores, la rehabilitación es más llevadera cuando sienten que no están “pasando la prueba” solos.

Si tú eres hijo o hija de un paciente en esta fase, hay una idea clave:

Acompañar no es presionar.
Acompañar es crear condiciones para que el paciente se atreva, se sienta seguro y pueda repetir avances.

Qué puedes hacer en casa para ayudar (de verdad)

1) Haz la casa más “amable” para el movimiento

Pasillos despejados y buena iluminación (sobre todo por la noche).

Alfombras fuera o bien fijadas.

Sillas firmes con apoyabrazos (evitan impulsos raros al levantarse).

En el baño: alfombrilla antideslizante y, si es posible, apoyo/asa.

Calzado cerrado y estable (evitar zapatillas “flojas” o suelas gastadas).

2) Elige el momento adecuado
La confianza se rompe fácil cuando el cuerpo está fatigado. Mejor practicar pasos sin muletas cuando ha descansado y no al final del día.

3) Ayuda con frases que suman

“Probamos solo dos pasos y ya está, sin obligación.”

“Si hoy te notas peor, no pasa nada: mañana lo retomamos.”

“Estoy aquí, por si necesitas apoyo.”

Y evita frases que, sin querer, aumentan el miedo:

“Venga, si no es para tanto.”

“Te estás acomodando.”

“Tienes que soltar ya las muletas.”

4) Mantén un registro sencillo
A veces ayuda apuntar dos cosas: qué hizo hoy y cómo se sintió mañana. Si el dolor se dispara al día siguiente, ajustamos. Esto tranquiliza mucho a la familia porque deja de ser un “a ver qué pasa”.

“¿Cuándo puede dejar las muletas?” Lo marca el equipo, y se hace por pasos

En fracturas y cirugías de cadera/pelvis, cada caso es distinto: tipo de fractura, técnica quirúrgica, evolución, carga permitida, estado previo… Por eso, el “cuándo” y el “cuánto apoyar” lo debe pautar el equipo médico (traumatología/cirugía), y lo ideal es trabajar coordinados con fisioterapia.

En general, antes de reducir ayudas solemos buscar señales como:

  • Camina distancias cortas con buena calidad (sin cojera marcada).
  • El dolor es tolerable y no empeora claramente al día siguiente.
  • Se levanta y se sienta con control.
  • Tiene equilibrio suficiente en casa con supervisión.

Y la progresión suele ser gradual (sin heroicidades):

Dos muletas, una muleta en casa en tramos muy concretos, trayectos cortos, salida al exterior con acompañamiento.

Con “plan B”: si ese día hay más dolor, cansancio o inseguridad, se vuelve atrás sin dramatizar.

Señales de alerta. Cuándo no “aguantar” y consultar

Conviene contactar con el equipo sanitario si aparece:

Aumento claro y mantenido del dolor o inflamación.

Pérdida de capacidad para caminar respecto a días previos.

Sensación nueva de inestabilidad o fallos al apoyar.

Caídas.

Si hay herida reciente: enrojecimiento importante, secreción o fiebre.

El final realista, volver a la vida, no correr una carrera

En el caso de Javier, el cambio no fue solo físico. A medida que dio pasos sin apoyo en un entorno seguro, el miedo empezó a ceder. No desapareció de un día para otro, pero dejó de dirigir sus decisiones.

Y entonces llegó un momento bonito: un objetivo sencillo, concreto y con sentido para ellos. Comprar unos billetes de avión. En abril, Javier y Josefina vuelven a su casa en Canarias.

No porque “ya esté perfecto”, sino porque han construido algo más importante: autonomía con seguridad y una confianza razonable en su cuerpo.

Si estás acompañando a tu padre o tu madre en este punto, quédate con esto: dejar las muletas no es una prueba de valentía. Es un proceso. Y cuando se hace con pautas, progresión y apoyo familiar, suele ser el paso que abre la puerta a recuperar vida.

Un pdf realmente útil, para dejar las muletas con seguridad

Hemos preparado un pdf para que lo puedas descargar y, como podrás comprobar, te puede resultar muy útil.

 

Published On: 10 febrero, 2026 / Categories: Ejercicios de fisioterapia /

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