Como ayuda la fisioterapia a los pacientes con parkinson

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra del cerebro. La degeneración de estas neuronas y por lo tanto la disminución de la dopamina, que es un neurotransmisor, va a provocar un enlentecimiento y empeoramiento de las distintas funciones en que participa. Detectamos trastornos de movimiento, memoria, comportamiento y cognición, atención, sueño, humor y aprendizaje.

movimiento parkinson

Desde nuestro punto de vista como fisioterapeutas el movimiento es el factor más importante sobre el que podemos incidir. Las alteraciones del movimiento son las siguientes:

– Afecta a la coordinación entre músculos agonistas y antagonistas; lo que va a provocar trastornos del movimiento, como la bradicinesia (lentitud de movimiento)

– rigidez

– trastornos posturales (postura en flexión)

– temblor de reposo

– trastornos de la marcha (paso más corto, festinación, bloqueos de la marcha)

– pérdida de equilibrio y coordinación.

Secundariamente a estos trastornos motores se pueden producir disminución de la capacidad respiratoria (debido a que la flexión de tronco disminuye la movilidad de la caja torácica, y a que también están afectados los músculos que participan en la respiración); y problemas de estreñimiento (debido a la disminución de la actividad física y secundaria a medicamentos).

Desde la fisioterapia podemos mejorar y/o mantener los problemas derivados de la afectación motora; tanto para la enfermedad de parkinson como para los parkinsonismos, que son un conjunto de enfermedades con etiología diferente al parkinson pero con sintomatología en común.

Las diferentes terapias que se pueden utilizar:

Rehabilitación física:
– Ejercicios dirigidos a aumentar y mejorar la forma física y a evitar trastornos posturales. (Cinesiterapia activa, activo-asistida, y pasiva)
– Estiramientos, para disminuir la rigidez y evitar las contracturas articulares.
– Ejercicios de equilibrio.
– Reeducación de la marcha.
– Ejercicios de coordinación.
– Aprender formas de hacer más fácil las actividades de la vida diaria; a levantarse tras caídas, transferencias, salir de los bloqueos, ayudas técnicas…

Terapia respiratoria:
– Ejercicios de respiración costal y diafragmática para mantener la movilidad de la caja torácica.
– Ejercicios de incentivación respiratoria.
– Técnicas para la eliminación de las secreciones.

Terapias manuales:
– Masaje: para normalizar la musculatura, y reducir dolores musculares.
– Punción seca: disminuye la rigidez. Mejora la pisada y por lo tanto el equilibrio. Disminuye el temblor, a corto plazo.
– Movilizaciones pasivas, para los encamados, reduciendo el riesgo de ulceras por presión, de deformaciones articulares, de dolor y mejora la circulación.
– Kinesiotape: ayuda a activar musculatura debilitada y/o para dolores musculares.
– Drenaje linfático abdominal: para el estreñimiento.

Esto junto a un estilo de vida saludable y actividad física diaria adecuada a la fase de la enfermedad en la que se encuentre; caminar, yoga, Pilates, natación… ayudarán a mantener una mejor calidad de vida durante el mayor tiempo posible.

Si quieres ampliar esta información o tienes algún familiar que sufre esta enfermedad, no dudes en ponerte en contacto con nosotros para que podamos realizar una valoración gratuita y plantearte el mejor tratamiento posible.

 

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