Artrosis de rodilla, ¿y ahora qué?

Lo primero de todo es entender que es la artrosis. Si acudimos a la RAE vemos que la definición es “Enfermedad degenerativa de las articulaciones. Ahí ya tenemos una pequeña pista sobre qué va este tema. La parte clave de esta definición es la palabra degenerativa. Una enfermedad degenerativa es aquella que empieza en un estado leve y va avanzando a formas más graves. Dependiendo del sujeto y el tratamiento que se lleve a cabo, el tiempo que se tarda en progresar es muy variable. Pero en este caso la palabra degenerativa también debemos entenderla de otra forma. La artrosis es degenerativa y no deja de ser un proceso “normal” del envejecimiento, ya que al igual que un coche, a medida que cumple años, poco a poco va fallando y se nota que le cuesta más “tirar”, con nuestro cuerpo puede pasar lo mismo, y en el caso de las articulaciones a este proceso se le llama artrosis. 

Por lo tanto la artrosis es un proceso degenerativo que tiene lugar en las articulaciones a medida que nos vamos haciendo mayores. Por supuesto es variable y no tiene porqué aparecer siempre en el mismo momento, ni con la misma intensidad para todo el mundo. 

Además, es común que el dolor que acompaña a esta degeneración aparezca a rachas. Es decir, habrá momentos en los que nos encontremos peor y otros en los que no notemos prácticamente nada. Es algo normal, ya que el problema de la artrosis es el roce entre los huesos que forman una articulación, en este caso fémur, tibia, peroné y la rótula. Normalmente, las articulaciones tienen una pequeña película que recubre las zonas óseas que están en contacto para que no sufran, la pérdida de esa capa es una de las consecuencias de la artrosis. Lo que va a generar una pérdida de fluidez en el movimiento y la aparición de dolor. 

¿Ejercicio sí, ejercicio no?

Y ahora la gran pregunta, me han diagnosticado artrosis ¿que tengo que hacer?¿Podré seguir haciendo mi vida normal? La respuesta fácil y rápida es . A continuación vamos a dar una respuesta un poco más larga y compleja. 

Como hemos visto, la artrosis es un proceso variable con picos de intensidad. Esto quiere decir que cuando no tengamos dolor no hay porque hacer nada, más que mantener una dosis de ejercicio (esto se debe hacer siempre). Ya que el mayor problema asociado a la artrosis es el dolor. Ahora viene lo importante.

¿Que debemos hacer en los periodos de mayor dolor? 

En este caso lo que se puede hacer, a parte de medicación que nos pueda recetar el médico, son ejercicios.

Al igual que con las hernias, se ha demostrado que los ejercicios tanto de fuerza como de resistencia tienen multitud de beneficios. Entre ellos para este caso destacan: mejora de la circulación, mejora de la fuerza, mejora de la calidad ósea, mejora de la lubricación articular, efecto analgésico.

  • Mejora de la circulación: si tenemos una mejor circulación, la distribución de los nutrientes por el cuerpo será mejor. Esto se traduce en que la zona que está más afectada tendrá a su disposición más “materiales” para contener la “presa”, y nos encontraremos mejor más rápido.
  • Mejora de la fuerza: si mejoramos la fuerza las articulaciones no van a tener un grado de coaptación tan grande para ser estables. Esto quiere decir que, gracias a una mayor fuerza la musculatura va a ser capaz de soportar mejor el pero y no dependerá tanto de que la articulación este “compactada” del todo para tener estabilidad.
  • Mejora de la calidad ósea: se ha demostrado en los últimos años que la calidad de los huesos, como por ejemplo a nivel de densidad mejora con el ejercicio de fuerza principalmente. Esto llevado a nuestro problema quiere decir que el hueso será más fuerte y no sufrirá tanto desgaste con el roce. Por lo tanto mejorará nuestro dolor.
  • Mejora de la lubricación articular: algunas articulaciones, como es el caso de la rodilla, presenta un líquido sinovial cuya función es servir de “aceite para nuestra bisagras” mejorando la fluidez del movimiento. En el caso de la rodilla, ejercicios como la bici (con el sillín un poco alto, para que no haya mucho roce articular) nos va a ayudar a mejorar la lubricación articular, lo que reducirá el dolor porque evitará tanto roce.
  • Efecto analgésico: el ejercicio tiene todos los beneficios del ibuprofeno y ninguno de sus efectos adversos. Esto es algo que sabemos desde hace relativamente poco pero el potencial que tiene es enorme. Eso sí, debemos hacer ejercicio de forma efectiva, lo que quiere decir que debemos seguir ciertas pautas y adaptarlo a nuestras necesidades.

Por lo tanto, como vemos SI DEBEMOS HACER EJERCICIO aunque tengamos artrosis de rodilla. De hecho, es prácticamente el mejor tratamiento posible para la artrosis. Pero eso sí, como siempre debemos consultar que tipo de ejercicio y como con un profesional que esté cualificado para ello. En este caso sería el fisioterapeuta, quien, siguiendo las indicaciones del médico acerca del estadio de la artrosis, nos va a diseñar un programa de ejercicios adaptado e individualizado. Gracias al cual nos podremos beneficiar de todas las posibilidades que nos ofrece el ejercicio terapéutico.

¿Y que ejercicio debo hacer?

Lo ideal como comentamos más arriba es que un fisio nos valore y nos de un programa de ejercicios para seguir. Pero algunos ejercicios que suelen funcionar bien son: la bicicleta (con el sillín alto), ejercicio de fortalecimiento para las piernas (sentadilla, peso muerto…) o correr. Eso sí, el ejercicio siempre debe estar adaptado a nuestras necesidades y nunca debe ni provocar dolor, ni generar malestar o empeoramiento después de realizarlo.

De hecho varios estudios concluyen que la eficacia se debe únicamente a la realización de ejercicio físico, no destaca ningún ejercicio por encima de otro. Por lo tanto, se debe escoger aquellos ejercicios con los que nos sintamos cómodos y vayamos a dedicarles tiempo.