Fisioterapia domiciliaria en tiempos de pandemia – Una experiencia personal

Desde que todo esto empezó no he dejado de atender a mis pacientes. Hoy que gozamos de mayor movilidad y se abrieron todos los sectores, existe para muchos una gran dicotomía entre lo que quiero hacer y lo que responsablemente puedo hacer. Yo no tengo dudas, la responsabilidad en primer lugar. Voy a explicaros porqué considero que es la mejor decisión en nuestro caso. 

Antes del estado de alarma nuestro equipo y los colegios profesionales de fisioterapia de toda España ya tenían un protocolo de actuación para poder seguir atendiendo debido a que somos sanitarios y todos nuestros pacientes necesitan tratamiento.

Alegría al recibir el material de protección necesario para realizar fisioterapia a domicilio.

Desde el primer momento nuestra preocupación fue mantener la seguridad de nuestros pacientes y hacerlo con rigor. Muchos compañeros no pudieron atender por falta de equipo de protección y otros pudimos seguir allí. Una vez que se fueron haciendo más accesibles los equipos de protección los demás se reincorporaron y la fisioterapia pudo retomar poco a poco su actividad. 

Todo lo que viví se quedó en mi retina, calles vacías, controles policiales, colas en los supermercados, miradas perdidas y dubitativas, el cielo azul de un invierno sin polución en Barcelona, las calles de la Barceloneta con sus vecinos (sí, sin turistas), gente en sus balcones, jardines y aceras limpios, y alguien que me esperaba tras la puerta. 

Me convertí en esa visita que ofrecía compañía y calma, de comprensión y esperanza. Mis pacientes sufren: por dolor por el motivo que sea y por pérdida de habilidades de manera temporal o degenerativa.

Lo voy a dejar ahí, para hacerse una idea de qué esperan de nosotros la mayoría de pacientes y sumarle la situación de vivir un confinamiento exige un grado de empatía mayor.

Este confinamiento ha afectado negativamente a muchas personas sanas, y en mayor medida a las que tenían patologías previas. Por un lado aquellos que siguieron trabajando desde casa improvisando un despacho en la mesa del comedor, otros conciliando eso con sus obligaciones como padres, unos pacientes con intervenciones quirúrgicas sin rehabilitación postoperatoria.

Por otro lado la soledad de la vejez sin poder ser visitados por sus seres queridos y sin su actividad física, social y lúdica. A todos nos afectó físicamente y en mayor medida a quienes necesitan tratamiento por dolor, pérdida de funciones por edad avanzada, patologías previas o intervención quirúrgica.

La inactividad física o la falta de estímulo físico es la responsable y tiene sus consecuencias físicas mensurables: disminución de la fuerza muscular, aumento del dolor articular y muscular en patologías previas, disminución del equilibrio y pérdida de la seguridad en la marcha en personas mayores y pacientes neurológicos.

Ha pasado un mes y poco desde el final del estado de alarma y mi sensación es que nos queda mucho por hacer y muchas personas a las que ayudar. La fisioterapia a domicilio en estos casos es sumamente importante por dos grandes factores: la seguridad del hogar y el ejercicio terapéutico. 

Los vínculos con los pacientes se han visto reforzados en estos días. En esta imagen estoy feliz con mi regalo de cumpleaños recibido de parte de un paciente.

El ejercicio terapéutico mejora la capacidad cardiovascular, la propiocepción y el equilibrio. Trabajando a un máximo del 70% de la frecuencia cardíaca máxima, con ejercicios de fuerza de aquellos músculos que determine el fisioterapeuta como objetivo y con una pauta de estiramientos a diario, todo esto planificado, explicado y supervisado con nuestra ayuda pretendemos recuperar las habilidades perdidas, reducir el dolor y recuperar el bienestar del paciente. 

Como resumen de mi experiencia en estos meses quiero hablar de acompañamiento, de estar ahí y que nada vuelva a dejar a nuestros pacientes alejados de nuestra ayuda. Estamos atendiendo las consecuencias directas e indirectas de esta enfermedad vírica que  una vez nos cogió desprevenidos.

Ahora sabemos más e iremos sabiendo más y sobretodo sabemos que tenemos que ser responsables porque seguimos conviviendo con el virus y no existe un post-covid, estamos en pandemia. Por mi familia, por  mis vecinos, por  mis pacientes, asumo un riesgo mínimo ineludible pero no uno innecesario. #YoTeCuidoTuMeCuidas

Para despedirme no voy olvidar decir “¡A cuidarse!” y si necesitas nuestra ayuda o algún familiar recuerda que siempre hay algo que se puede hacer y que es mejor acompañado y supervisado. Contacta con nosotros y te ayudaremos.