¿Qué es la rizartrosis del pulgar?

Es es el proceso degenerativo (artrósico) que aparece en la articulación trapeciometecarpiana en el primer dedo de la mano, es decir, en la base del pulgar.

Los síntomas son muy característicos, aunque en fases tempranas nos encontramos pacientes que han sido diagnosticados con tendinopatía. El síntoma principal es el dolor, que en el inicio solo aparece durante el movimiento, al sujetar algún objeto o girar una llave, pero con el paso del tiempo, éste se mantiene también cuando está en reposo. Asimismo puede existir inflamación, que lleve en etapas más avanzadas a una deformidad, y rigidez de la articulación que puede ir limitando progresivamente la movilidad.

¿POR QUÉ APARECE?

El cartílago que recubre la articulación se va desgastando y se produce una lesión que provoca los síntomas que hemos explicado con anterioridad. Pero, ¿por qué ocurre esto?

En el caso de la rizartrosis se cree que la predisposición genética/hereditaria es un factor importante, siendo una patología más habitual en mujeres, a partir de 50-60 años.

Además lesiones previas en el pulgar o en la muñeca, como por ejemplo una fractura, o la realización de movimientos repetitivos durante nuestra vida diaria, bien sea por el tipo de trabajo o por un hobbie, también favorecen su aparición.

 

TRATAMIENTO

El abordaje de este tipo de patologías degenerativas es multidisciplinar, en él se involucran el ámbito médico, el farmacológico o la terapia ocupacional, entre otros. Nosotros, como no podía ser de otra manera, lo enfocamos a la FISIOTERAPIA.

 

¿Cómo puede ayudar la FISIOTERAPIA a pacientes con rizartrosis?

En los grados menos avanzados de la rizartrosis se recomienda un tratamiento conservador que incluya, además del tratamiento farmacológico, la fisioterapia.

La sesiones con un paciente con este tipo de lesión pueden incluir desde el tratamiento manual, masoterapia y movilizaciones, al tratamiento invasivo, como la punción seca o la realización de un vendaje funcional. No obstante será imprescindible llevar a cabo un programa de ejercicios, tanto durante las sesiones como de forma domiciliaria, que disminuirá la progresión de la rigidez y de la pérdida de movilidad.


En ocasiones es necesaria la colocación de una órtesis, si el paciente por ejemplo lleva a cabo movimientos repetitivos durante su jornada laboral.

En las fases más avanzadas, cuando existe una gran limitación y el tratamiento conservador no ha funcionado, se opta por la cirugía. Tras someterse a esta intervención, también debe llevarse a cabo un tratamiento rehabilitador que incluya la fisioterapia.