¿Es la inducción miofascial una herramienta más para nuestros tratamientos?

¿qué es la fascia?

Para explicar que es la inducción miofascial, habría que explicar primero qué es el sistema fascial con el que contamos en el cuerpo. Se trata de un tejido que forma una red ininterrumpida y que recubre prácticamente todos los componentes de nuestro cuerpo.  En un principio se pensaba que la fascia únicamente recubría los grupos musculares, o aparecía en amplios puntos de inserción como el tensor de la fascia lata o la fascia plantar, pero estudios anatómicos más actuales han desvelado que el sistema fascial tiene un recorrido continuo. Envuelve y  todas las estructuras musculoesqueléticas, meninges y vísceras.

Se puede visualizar fácilmente cómo la piel blanquecina de una naranja, que divide, y a la vez une cada uno de los gajos, y divide y a la vez une cada uno de los gránulos que forman estos gajos.

Se trata de un tejido con un alto porcentaje de colágeno y elastina, pero con una nula capacidad contráctil. Esto le brinda propiedades biomecánicas que le permiten dar lugar a funciones de sostén y movimiento corporal.

¿En qué consiste la técnica?

El sistema fascial puede encontrarse en excesiva tensión o puede estar demasiado distendido, y esto se puede deber a múltiples causas. Por ejemplo, en el caso de la fascia más superficial, si hemos tenido una operación con incisión, el sistema fascial junto con el resto de capas tisulares van a cicatrizar. Esta cicatriz dará por lo tanto lugar a lo que denominaremos una “arruga” en el tejido fascial, que tenderá a generar tensiones sobre la fascia que rodee a dicha cicatriz.

Esto es sólo un ejemplo de los mecanismos por los cuales la fascia puede tensionarse o distenderse, puesto que el cuerpo es extremadamente complejo y busca constantemente compensaciones y por lo tanto, tensa y distiende la fascia según lo necesita.

Los problemas que buscamos tratar son aquellos en los que la fascia se ha visto sometida demasiado tiempo a descompensaciones, o es necesaria una ayuda para que el cuerpo recupere el equilibrio. Las técnicas miofasciales pueden trabajar sobre esa fascia más superficial, y llegar incluso a capas más profundas mediante técnicas no invasivas como por ejemplo “manos cruzadas” en las que se trata de estirar las zonas más superficiales de la fascia influyendo en la misma desde la tensión en la piel, con el fin de llegar a las más profundas.